Por Patricia Alonso, Secretaria de Organización de Fauppa y presidenta del Comité Mundial de Mujeres de la UITA

Hace tiempo que iniciamos esta lucha. La misma que por su contenido nos dio solidez y fortaleza. Ya no somos un grupo de mujeres que gritan en la sordera de una sociedad que no escucha. Hoy gritamos nuestra verdad, porque es inocultable.
Hoy es distinto. No chistamos bajito para que alguien oiga lo que muchos no quisieron. Hoy se siente el temblor de un movimiento que se instaló, pero no solo para socavar la cultura machista, sino que para hacerle un bien a la vida. Para contener a miles de mujeres que encuentran en esta estampida, un lugar donde correr. En este siglo XXI, la desigualdad ha tomado ribetes intolerables, la violencia a la que somos sometidas, se expone de una manera brutal y escandalosa.
Femicidios. La brecha salarial. Falta de representación en distintos estamentos, la subestimación, la multiplicidad de tareas. Falta de oportunidades y precarización laboral. Con mil millones de mujeres carentes de protección jurídica frente a la violencia sexual. El trabajo no remunerado; el acoso y la violencia laboral a la que estamos expuestas. En fin… ¿no es violencia? ¿No es discriminación?
No alcanza con haber alcanzado leyes, chicas. Hay que lograr un cambio radical, uno que extermine con la denigración histórica.
La igualdad de género y el empoderamiento de mujeres constituyen el mayor desafío de nuestra época. En cada panadería lo vemos y sufrimos. Ese a nuestro lado que nos mira con aires de superioridad, o el patrón que nos trata de manera desigual, y que juega con nuestra condición de mujer, valorando hacia abajo nuestra competencia laboral, moral y social.
Todavía existe una cultura machista y patriarcal, y este 8 de marzo, las mujeres del mundo decimos: ¡BASTA, IGUALDAD YA!

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